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Todo era posible

Resulta curioso, se dijo Sam, cómo damos por hecho que sabemos todo lo que hay que saber sobre otra persona, solo porque lo vemos a menudo o por algún tipo de fuerte lazo emocional. Allí mismo, en Fairvale, había muchos ejemplos de lo que quería decir. Como el viejo Tomkins, portero de la escuela durante años y destacado miembro de la organización benéfica Rotary, que había abandonado a su mujer y a su familia para huir con una chica de dieciséis años. ¿Quién habría sospechado que Mike Fisher, el mayor borrachín y jugador en esa parte del estado, moriría y le dejaría todo su dinero al orfanato presbiteriano?. Bob Summerfield, el dependiente de la tienda de Sam, había trabajado allí cada día desde hacía aproximadamente un año antes de que Sam se enterase de que el ejército lo había inhabilitado por desequilibrio mental debido a la tensión del combate…, además de por intentar romperle la cabeza a su capellán militar con la culata de una pistola. Pero Bob ya estaba bien, evidentemente; no encontrarías un tipo más agradable y tranquilo ni en cien años. Pero también había sido agradable y tranquilo en el ejército hasta que algo lo hizo explotar. Y nadie se había dado cuenta. Algunas viejecitas simpáticas mataban a sus maridos después de veinte años de feliz matrimonio, bonachones cajeros de pequeños bancos de pronto malversaban los fondos… nunca se sabía qué podría pasar.
Por eso tal vez Mary sí hubiese robado el dinero. Tal vez estuviera cansada de esperarlo hasta que él terminara de saldar sus deudas y de repente esa tentación había sido demasiado fuerte. Tal vez hubiera pensado en llevarlo allí, inventarse alguna historia y convencerlo para que lo aceptara. Tal vez había planeado que los dos huyeran juntos. Tenía que ser sincero y admitir que existía la posibilidad, e incluso la probabilidad, de que ese fuera el caso.
Y si lo admitía, entonces tenía que hacerle frente a la siguiente pregunta: ¿Por qué no había llegado? ¿A qué otro lugar podía haberse dirigido después de salir de las afueras de Tulsa?
Una vez que empezabas a especular con eso, una vez que admitías que realmente no sabías cómo funcionaba la mente de otra persona, entonces acababas reconociendo inevitablemente que todo era posible.

Psicosis. Robert Bloch

 

Forma sonata

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Cuando recobró el sentido era ya pasado el anochecer, y se halló a la luz de la Luna y flotando en el océano. Sus alas desgreñadas parecían lingotes de plomo, pero el fracaso le pesaba aún más sobre su espalda. Débilmente deseó que el peso fuera suficiente para arrastrarle al fondo, y así terminar con todo.

Juan Salvador Gaviota. Richard Bach

De reyes y príncipes

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Eres un verdadero mago de la belleza y sabes cómo aportar bienestar a los demás; tú les enseñarás a amar la vida, a pesar de la gran dificultad que tienes para andar entre la humanidad, que es una pasta a la que hay que modelar, y tú la querrás más pura, más segura. (…) Acepto encantada tu lucha en el desierto, en los aviones… Nunca ha sido fácil, no lo es, mi amor, mi querido niño. ¿Lo ves?, el cielo nos ama, creo que tú y yo somos un caso único: niños protegidos por Dios. Ni el mal de nuestras naturalezas ardientes y locas nos ha matado. Entonces, querido, piensa en todo aquello que tienes que hacer, y cuántas alegrías habrá para tu rosa, tu rosa orgullosa que se dirá: << Soy la rosa del rey, soy diferente de todas las rosas, ya que él me cuida, me hace vivir, me respira…>> Y yo te contaré las noches de peligros y noches de lágrimas y noches de esperanza aguardando a mi rey. Y renaceré, y esparciré mi aroma alrededor para que sepan que soy su verdadera y única rosa, su bella rosa. Tu rosa…

Consuelo de Saint-Exupéry (Nueva York; 35, Beekman Place; octubre de 1943)

A tu rincón

 

Drivers Bedroom, Tyne House Cafe, Catterick, North Yorkshire from the portolio Teh Great North Road (1982). Paul Graham. Moma

Existe un maltrato –otro maltrato- que no se ve, que no se cuantifica, que no se valora porque no deja marca y no sangra, que no sale en las noticias y por eso se castiga menos o no se castiga, pero doy fe de que existe, que destruye lentamente, que aniquila al ser, que corroe el alma y que deja secuelas graves para toda la vida, que mata por dentro.

Es el maltrato de la violencia psicológica; el que comienza ignorándote, impidiendo que te expreses, que seas tú, que seas persona. Un maltrato que viene de quien ha decidido incluirte en una espiral de dominio de la que no te pueda sacar ni Dios. Y en ese afán de supremacía machista él siempre encuentra tu error, tu fallo, tu defecto, tu problema y te lo hace ver de forma delicada, cariñosa y sutil, pero con contundencia. Y acabas creyéndotelo… que si no sé cocinar, ni comer, ni vestir, ni hablar, ni leer… ni siquiera sé organizar mi tiempo, que tendrá que hacerlo él por mí, que menos mal que está él para arreglarme la vida, etc. Y tú no puedes protestar, no puedes ni siquiera hablar, porque a él no le gusta que se le contradiga, se enfada mucho y se violenta y a ti no te gustan sus enfados. Y notas  que tanto cariño por parte de él parece como si te hiciera daño y comienzas a platearte que algo “raro” está pasando en la relación. Pero no la rompes, porque él te quiere tanto…!!!

Día a día vas cediendo parcelas de poder y él te va ganando terreno, manipulando, controlando, se va metiendo en tu vida, en tu trabajo, en tu ropa, en tu listín telefónico, en tu correo, en tus amistades, en tu cuenta corriente y pasito a pasito, hasta en el último rincón de tu pensamiento pero con una sutileza, con una finura que te crees que es normal y cuando te das cuenta ya está metido hasta la médula. Y todo esto enmascarando de amor todos sus reproches, sus golpes bajos, sus humillaciones, sus asaltos emocionales, sus ataques a tu autoestima, y una actitud que oscila entre el control y el acoso, entre el asedio y la persecución… y entonces comienzas a desesperarte porque tu inseguridad y tu firmeza se tambalean… y ya no sabes a qué atenerte, no sabes qué creer… Si a esto le añadimos sus mentiras, sus contradicciones, su falta de claridad, su ambigüedad, sus enrevesados argumentos, su mudo desprecio por las personas, su frialdad al verte llorar, su insensibilidad ante tu sufrimiento en una perfecta armonía con su derroche de amor, su extraña manera de quererte tanto, surge una situación que te traslada a un mágico y a la vez incómodo mundo del que preferirías salir, alejarte, pero no sabes cómo, porque sabes que él te tiene atrapada y esclava con la férrea cadena de su amor.

Cuando él entra en casa lo examina todo pormenorizadamente e incluso cuenta los cubiertos sucios que hay en el lavavajillas tratando de encontrar una prueba de una imaginada infidelidad que siempre encuentra justificada. Magnifica cualquier pequeño detalle pudiendo por ello desencadenar la peor batalla de celos de toda la historia. Y sigue rastreando hasta encontrar una justificación para el reproche o la bronca que vendrá después. Y ya nunca más estás relajada, y la ansiedad te invade, el ambiente se carga de tensión y tienes que medir las palabras, los gestos y hasta las miradas, porque analiza cada una de ellas. Y te llenas de angustia y no quieres ni moverte no sea que no le guste como te sientas… no sea que se enfade, y te das cuenta de que estás incomodísima en su presencia y te gustaría que se fuera a su casa… que te dejara sola, pero nunca se va cuando tú lo deseas, él se irá cuando tú más lo necesites… cuando menos lo esperes (no hay nada como el factor sorpresa  para confundir al enemigo). Y ya nunca más eres tú, ni siquiera en tu propia casa. Él siempre evaluándote, juzgándote y por supuesto, condenándote: culpable, culpable, culpable!!!

Y no sabes qué está pasando, ni a quién decírselo, quién te iba a entender? Si mis amigas me envidian por tener de pareja a un hombre que me quiere tanto… Y no sabes qué hacer, ni sabes a dónde acudir, pero sí sabes que tienes miedo.

Y así, cada vez, eres más pequeña, más insignificante, eres inútil, marujona y barriobajera que no has evolucionado nada y sientes que no vales lo suficiente para un hombre como él, que bordea la perfección… y no tienes derecho a hablar, porque tú no eres nadie y lo que vas a decir no tiene valor y no puedes terminar tus frases, las termina él, porque él –que es más listo que nadie- sabe el final de todas tus frases y te interrumpe cuando hablas porque tú eres muy lenta y no le interesa lo que vas a decir… pero tampoco le gustan tus silencios y así te reprocha ambas cosas. Eso sí, te obliga a escucharle sus interminables monólogos, lentos, pesados, detallados, pretenciosos, manipuladores y con sugerencias envenenadas que te dejan sin respiración porque él sabe como nadie darte una puñalada verbal en un costado y dejarte sangrando y sin respiración, sabe como nadie poner violencia en la mirada, en un gesto, sabe matar sin armas.

Y cada vez te sientes más triste, más aislada, más sola porque va negando tu personalidad, tu vida, tus pensamientos, tus sentimientos y notas que a su lado no eres nada y te vas empequeñeciendo, anulando y consumiendo porque has entrado en un mundo de lágrimas y soledad donde sólo habitas tú.

Y cuando ya no puedes más le haces ver que su comportamiento te daña, pero por eso también se enfada, se enfada por todo, porque es muy sensible y te dice que todo lo que él hace es absolutamente normal, que eres tú la que está trastornada, que estás desequilibrada, que estás loca y tantas veces te lo dice, que te lo crees y vas al psicólogo a pedir ayuda para tu locura, a explicarle tus miedos y comienzas con los ansiolíticos, pero que en realidad no deseas curarte, sólo deseas salir de esa espiral de destrucción a donde te ha llevado él con su amor infinito, y deseas irte lejos de él, salir volando, pero sola. Pero él te tiene atrapada, prisionera , ya no puedes ni respirar si no es con su permiso y sigue controlando y analizando absolutamente todos tus movimientos y eso te pone cada vez más nerviosa.

Y un buen día, da igual que sea porque el café no le gustó o por otra de sus innumerables escenas de celos o por nada, da igual… se caldea el ambiente, se despoja de todas sus cualidades de caballero y se prepara para montar el espectáculo:

Violencia verbal, gritos, maldiciones, descalificaciones, amenazas y vejaciones a tal nivel de degeneración que te parece mentira que vengan de quien tanto te quiere. Y da miedo mirarle a la cara y ver esos ojos llenos de fuego y de odio, esos labios profiriendo los más bajos insultos, las más miserables de las acusaciones mientras la barbilla le tiembla de ira y le brota el rictus facial de quien tiene intenciones criminales… y mientras cae la lluvia de violencia sobre ti, te agachas en un rincón del salón, con la cabeza entre las manos, como un animalito apaleado, llorando en silencio para no desbocar más a la fiera que tienes frente a ti… y con el alma rota, muerta de pena y miedo, sin entender nada de lo que está pasando, solo quieres desaparecer, que te trague la tierra de una vez y te das más vergüenza y más asco de ti misma, de él, de las circunstancias por llevarte a esto, por verte así, y te empequeñeces todavía más hasta sentirte como un asqueroso gusano digno únicamente de ser pisoteado.

Y al día siguiente, viene llorando, pidiendo perdón y prometiendo que a partir de ahora todo va a ser distinto y te pide recomenzar porque no puede vivir sin ti, que lo eres todo para él, que no soportará tu abandono. Y te abraza como nadie te abrazó y vuelve a besarte con una ternura como nadie te besó y vuelves a creerle y vuelves a creerte también que nadie te querrá más que él… y vuelves a engancharte, porque tiene sobre ti un poder casi mágico que tú tampoco entiendes, porque nunca nadie te explicó que amar fuera tan complicado, tan doloroso. Y tú, una vez más piensas que su mal tiene cura, que tú puedes ayudarle. Pero pasan los días, las semanas, los meses y nada varía, los espectáculos se repiten y cada uno supera al anterior y cada vez con mayor frecuencia… hasta que un día, desesperada, rota, cansada de vivir, comienzas a pensar en el suicidio.

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 Fuente:  http://nomequierastanto.blogspot.com.es/

 

Cuando me amé de verdad

 

woman3stages_3Woman in Three Stages (1894). E. Munch

comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama amor hacia uno mismo.

Charles Chaplin

 

La verdad de “Las Marías”

 

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Salían cada día a pasear por las mismas calles de Santiago, siempre a las dos en punto, arregladas con una ropa y un maquillaje tan colorido como extravagante. Todavía hay mucha gente en la ciudad que recuerda a las inseparables hermanas Coralia y Maruxa, más conocidas como Las Marías, dos emblemáticos personajes de Compostela a los que las nuevas generaciones sólo conocen por la estatua que les rinde homenaje en la entrada del parque de la Alameda.

Pero bajo esa fama de locura que les precede hasta hoy, escondían un drama personal que no todos conocen, con la Guerra Civil como telón de fondo. Así lo recoge el documental Coralia e Maruxa, as irmás Fandiño, de Xosé Rivadulla Corcón, para cuya elaboración ha contado con testimonios de personas como Encarna Otero, Xosé Luis Bernal o Dionisio Pereira.

Nacieron en una familia obrera de 11 hermanos, tres de ellos destacados miembros de la CNT. El documental relata cómo tras el estallido de la Guerra Civil, asesinan a uno de ellos mientras que los otros dos consiguen huir. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaban a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. “No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar”, explica Rivadulla.

Con poco más 20 años y sin haberse metido con nadie, la vida de Las Marías se convierte en un mal sueño que se prolongará desde el inicio de la guerra hasta mediados de los años 40. Rivadulla señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque “antes no eran así”. Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.

Aun así, su situación económica era muy precaria. Las hermanas dejaron de trabajar como costureras, oficio que venían desempeñando junto a su madre, porque los clientes dejaron de llevarles ropa “por ser una familia anarquista, por miedo a significarse”. Vivían en parte gracias a la caridad de los vecinos. No les ayudaban de forma directa, porque quienes las conocían sabían que no aceptarían una limosna, sino que les dejaban de forma anónima pequeñas cantidades de dinero en distintos comercios, en los que después ellas compraban.

La solidaridad de los vecinos se puso a prueba a principios de los 60, cuando un temporal tiró abajo el tejado de la casa de las Fandiño. Enseguida se organizó una gran colecta entre los vecinos de Santiago y se llegaron a juntar 250.000 pesetas. “Es espectacular”, dice Rivadulla, “porque en la época eso es lo que costaba un piso”.

“Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad”, afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. “Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes”. En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.

La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. “Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad”. Cuando en 1980 falleció Maruxa, Coralia se fue a vivir con otra hermana a A Coruña, ciudad a la que nunca se adaptó. Murió tres años más tarde después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.

Fuente: http://elpais.com/diario/2008/04/17/galicia/1208427509_850215.html

 

Saber perder

 

Verónica PetrovaImagen Verónica Petrova

Supongamos que entre dos personas, A y B, hay dos metros de distancia. Y A quiere acercarse a B, pero en cada paso ha de cubrir exactamente la mitad de la distancia total que le resta para alcanzar a B. El primer paso es de un metro, el segundo de medio metro, el tercero de un cuarto de metro. Cada paso de A hacia B será más pequeño, y la distancia se irá reduciendo en una progresión eterna, pero lo sorprendente del caso es que, mantenida la premisa de que cada paso sea equivalente a la mitad de la distancia total que los separa, por más que avance, A nunca llegará a B.

Saber perder. David Trueba