Tag Archive | Edward Hopper

Cinderella man

Llegados a este punto, uno retoma la compostura. Ser supremo, se hace saber. Alinea la corona de divino, anuda la corbata y saca brillo a los zapatos. Se vuelve un hombre de negocios, gris y de caminos rectos.
Pasadas las doce cambia el cuento, y ceniciento pisa descalzo, bebe los vientos.

Los hijos de los días

sunday_jpg!BlogSunday (1926). Edward Hopper

Nos dijeron ¡a la puta calle!, y aquí estamos.
Apaga la tele y enciende la calle.
La llaman crisis, pero es estafa.
No falta dinero: sobran ladrones.
Los mercados gobiernan. Yo no los voté.
Ellos toman decisiones por nosotros, sin nosotros.
Se alquila esclavo económico.
Estoy buscando mis derechos. ¿Alguien los ha visto?
Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir.

Eduardo Galeano

El dulce sabor de una mujer exquisita

 

Mañana en Cape Cod (1950). Edward Hopper

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes. Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.

Y un hombre… Un hombre exquisito es aquel que valora a una mujer así… Que se siente orgulloso de tenerla como compañera… Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento… Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes.

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘muy machas’ nos llevan gran recorrido. ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque!

¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come basura en la calle, teniendo un exquisito manjar en casa!

Gabriel García Márquez

 

Todo pasa

 

Soledad (1944)  Edward Hopper

Un día de esos extraños en los que el tiempo no parece pasar. Pero pasa, sí, ya lo creo que transcurre, tan lento como aburrido, sereno, oculto y otra vez lento. Vuelta a empezar.

Sabía de tu indisposición fatal, la que te seca los guiños y te cubre de nieve la perspectiva. Sabía de tu bombardeo festivo en serie. Sabía de tu garganta entrecortada con pepitas de uvas pasas.

Siento la desafortunada presión en la azotea. Aunque no lo admitas, sé que los petardos no aflojan la pólvora a menos de un metro de distancia. Y siento si te he llamado a lo lejos con la voz casi rota en la prudencia, tu piedra en el tragaluz no cayó en la repisa y las horas sin tus travesuras no vuelan igual.

Un día de esos extraños en los que el tiempo no parece pasar. Pero pasa, sí, ya lo creo que desarrolla.

Si es que todo pasa, incluso el tiempo más grisáceo y paulatino.

 

Soledad y yo

 

Habitación de hotel (1931) E. Hopper. Museo Thyssen-Bornemizsa, Madrid

Cuenta soledad que la tierra no es redonda, que sus vértices lastiman, que sus horas chirrían.

Cuenta soledad que el océano se ha vuelto charco, que el cielo techumbre de hojarasca, que la brisa manto de agua.

Cuenta soledad que la memoria acelera, que el pecho revuelve, que la rutina atosiga.

Y le cuento.

Le cuento a soledad que no desespere, que pronto, muy pronto contará compañía.