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El Gabinete del doctor Caligari

 

El gabinete del doctor Caligari (1919) es la piedra angular de un tipo de cine fantástico y estrafalario que floreció en la Alemania de los años veinte, y ha sido vinculado, a veces de manera poco legítima, con el movimiento expresionista. Si gran parte del desarrollo del cine en sus dos primeras décadas fue encaminado hacia la concepción de Lumière de “una ventana abierta al mundo”, con historias de ficción o documentales presentados de una manera emotiva, con la intención de que el público olvidara que estaba viviendo una película, El gabinete del doctor Caligari vuelve al estilo de George Méliès y presenta sin cesar efectos teatrales mágicos y estilizados que exageran o caricaturizan la realidad. En esta película encontramos funcionarios sentados en taburetes de una altura ridícula, sombras pintadas en las paredes y en los rostros, decorados donde abundan las formas recortadas, exteriores pintados, y telones de fondo e interpretaciones estilizados hasta rozar la histeria.

Los guionistas Carl Mayer y Hans Janowitz ambientaron la película en este mundo desarticulado, y tanto el director Robert Wiene como los escenógrafos Hermann Warm, Walter Roehrig y Walter Reimann introdujeron un giro en cada escena e incluso en los rótulos explicativos para insistir en esto. Fritz Lang, propuesto como director en un principio, sugirió que el estilo radical de El gabinete del doctor Caligari sería excesivo para el público si no se añadía algún tipo de “explicación”. Lang esbozó unas líneas argumentales en las que el héroe Francis (Friedrich Feher) narra la historia-acerca del doctor Caligari (Werner Krauss), el siniestro charlatán hipnotizador, su esclavo sonámbulo Cesare, sujeto a su poder hipnótico (Conrad Veidt), y una serie de asesinatos en la pequeña ciudad de Holstenwall-, y al final descubrimos que está ingresado en un manicomio y que, al estilo de El mago de Oz, ha imaginado un relato que reúne a diversas personas de su entorno. Esto rebaja el tono autoritario de la película, cuando el doctor Caligari, en la historia principal el director de un manicomio que ha perdido la razón, resulta ser un hombre decente decidido a ayudar al héroe. Sin embargo, el manicomio del relato principal es el mismo manicomio “irreal” que se ve en el flashback, lo cual consigue proyectar cierta incertidumbre sobre toda la película, no solo sobre la historia de Francis. De hecho, al revelar que la visión expresionista es la de un demente, la película hasta podría apelar a los conservadores que se consideraban propio de dementes todo arte moderno.

Wiene, menos innovador que la mayoría de sus colaboradores, hace muy poco uso de la técnica cinematográfica, con la excepción del flashback dentro de otro flashback, cuando Krauss enloquece por culpa de las instrucciones sobreimpuestas de que “ha de convertirse en Caligari”.

La película descansa por completo sobre artificios teatrales, con la cámara fija en el centro del escenario mientras se muestran los decorados, y los actores (sobre todo Veidt) aportan todos los movimientos o momentos de impacto. La intervención de Lang consiguió convertir la película en una extraña especie de obra ambigua: una película artística para el público de clase alta que aprecia sus innovaciones, pero también una cinta de terror con truco.

Con su ambiente de espectáculo de feria, el científico loco y el monstruo ataviado con leotardos que secuestra a la heroína, El gabinete del doctor Caligari es uno de los títulos clave del género de terror primitivo, pues introduce imágenes, temas, personajes y formas expresivas que serían fundamentales en el Drácula de Tod Browning y el Frankenstein de James Whale, ambas de 1931.

 

Nosferatu, el vampiro

Una de las grandes películas del movimiento expresionista, realizada por el maestro Murnau, posee asimismo elementos románticos y de las grandes tendencias germanas que se desarrollaron durante la República de Weimar. Inspirada en la novela de Bram Stoker, “Drácula“, relata las aventuras del empleado de un agente inmobiliario que, en 1838 se adentra en los Cárpatos y se encuentra con el vampiro Nosferatu, quien a su vez se enamora de la esposa de aquél. Rodada en los estudios Jofa y con exteriores en Zübeck, Wismar y en el castillo de Orovsky (Eslovaquia).

En el plano técnico, la atmósfera de espanto se consigue con la lentitud de gestos, la cambiante iluminación de los objetos, de donde dimana. Ello provoca en el espectador la sensación de un universo translúcido y sin gravedad, la Naturaleza parece tener la premonición de los fantasmas que ella expresa. Este es el único film que ha sabido dar la sensación de una presencia sobrenatural mostrando cosas tomadas de la Naturaleza. Murnau toma del Surrealismo todo el tema del “amour fou”, el amor capaz de superar barreras físicas y temporales en busca del ser querido.

Las escenas de interiores carecen en gran medida de los juegos de luz. Es en los exteriores donde se marca el comienzo cinematográfico de un recurso fundamental en las escenas de vampiros, el paisaje como creador del ambiente propicio para el desarrollo de la trama, agente pasivo del terror gótico frente al agente activo, que es el Nosferatu en sí.

Asimismo, este film sería considerado precursor de la propaganda nazi y entroncaría con las leyendas y los mitos germanos.

Viaje a la Luna

Cuando se piensa en Viaje a la Luna, al instante nos asalta la idea mítica y original del cine primitivo como un arte cuyas “reglas” se establecieron en el mismísimo proceso de su producción. Esta película francesa fue estrenada en 1902, y representa una revolución para la época, dada su duración (unos catorce minutos), pues los cortos que se producían a principios del siglo pasado solían ser de dos minutos.

Viaje a la Luna refleja la personalidad histriónica de su director, Georges Méliès, cuyo pasado como actor de teatro e ilusionista influyó en la realización de la película. La cinta experimenta osadamente con algunas de las técnicas cinematográficas más famosas, como la sobreimpresión, el fundido lento y ciertas prácticas de montaje que se utilizarían con mucha frecuencia más adelante. Pese a la simplicidad de sus efectos especiales, se considera el primer ejemplo de ciencia ficción. Contiene muchos elementos característicos del género (una nave espacial, el descubrimiento de una nueva frontera) y establece casi todas sus convenciones.

La película se inicia con un congreso científico en el que el profesor Barbenfouillis (interpretado por el propio Mélies) intenta convencer a sus colegas de que tomen parte en un viaje para explorar la Luna. Una vez aceptado el plan, se organiza la expedición y los científicos son enviados al satélite en una nave espacial. El vehículo en forma de misil aterriza en el ojo de la Luna, representada como un ser antropomórfico. Una vez en la superficie, los científicos no tardan en encontrarse con nativos hostiles, los selenitas, que les llevan ante su rey. Después de descubrir que los enemigos desaparecen con facilidad en una nube de humo nada más tocarlos con un paraguas, los franceses logran escapar y regresan a la Tierra. Caen al mar y exploran los abismos, hasta que son rescatados y llegan a París convertidos en héroes.

Méliès crea una película que merece un lugar entre los hitos de la historia mundial del cine. Pese a su aire surrealista, Viaje a la Luna es una cinta entretenida e innovadora, que combina los trucos del teatro con las infinitas posibilidades del medio cinematográfico. Mèliés el mago, más que un director, era un orquestador y también participó en la película como guionista, actor, productor, escenógrafo, diseñador de vestuario y director de fotografía, además de crear unos efectos especiales que se consideraron espectaculares en su época.

Cualquier espectador interesado en el origen de los cánones que influyeron más adelante en todas las películas del género y deseoso de ver sus ejemplos más famosos no puede pasar por alto esta primera película de ciencia ficción.

En un sentido más general, Viaje a la Luna también puede ser contemplada como una película que establece una diferencia fundamental entre ficción cinematográfica y no ficción. En un momento en el que el cine retrataba sobre todo la vida cotidiana (como en las cintas de los hermanos Lumière en las postrimerías del siglo XIX), Méliès fue capaz de ofrecer una fantasía concebida como mero entretenimiento. Abrió las puertas a futuros artistas cinematográficos, expresando visualmente su creatividad de una forma insólita para la época.

 

The Smashing Pumpkins hicieron su particular homenaje…