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El ratón de biblioteca

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A Carl Spitzweg (1808-1885) se le ha llamado <<el Hogarth alemán>>. Sus cuadros de géneros en pequeño formato, que ocupan un lugar destacado en las colecciones artísticas de su patria, plasman la vida de la clase media germana con un humor benévolo y una maestría técnica aprendida durante su juventud, copiando a los grandes pintores holandeses. Spitzweg empezó a pintar en el período Biedermeier, la etapa artística que siguió a la derrota de Napoleón en 1815 y que propugnó la dignidad artística de los temas cotidianos y sencillos. Los pintores de Biedermeier ponían el bienestar por encima de los grandes conceptos políticos, y su principal clientela eran las nuevas clases medias. El ratón de biblioteca se ha convertido en un símbolo muy reproducido de excentricidad libresca. Un estudioso de avanzada edad, precariamente encaramado a una escalera, lee entre las estanterías, absorto mientras recibe de lleno una luz dorada, que era la favorita de Spitzweg. Durante sus viajes por Europa, el pintor recibió la influencia de los caricaturistas Hogarth y Daumier. Este cuadro ha sido interpretado como una sátira amable de las más nobles ambiciones eruditas. A pesar del éxito comercial de sus obras humorísticas, Spitzweg ansiaba el reconocimiento académico. En 1868 ingresó como miembro honorario en la Academia de Arte de Munich, y en su última etapa la influencia de los impresionistas le hizo adoptar un estilo más suelto. Su influencia se observa en las obras (posteriores, y más mordaces) de Busch y Grosz. También le deben algo, en cuanto a estilo, las obras de Norman Rockwell, pintor de género norteamericano del siglo xx.

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Frankenstein

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Horror vacui

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johan-barrios-1

perdida la voz y las letras,
la sopa se ha quedado sin sustancia que llevar a la boca,
sin argumento que descomponer en los intestinos

Poco importa

elena odriozola.3Ilustración Elena Odriozola

lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte

Charles Bukowski

Pranto

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Restless silence. Stella Im Hutlberg

Que estás vieja, que el espacio no es el mismo a recorrer.
Que te hinchan las piernas y las distancias no acortan igual.
Que cuelgan líneas apagadas de los vértices de tu sonrisa.
Que fuera atestiguan los caminos de la experiencia.
Que no respiras como ayer.

Pero bombeas igual de fuerte, igual de intenso, igual de azul.

Ahora te ha dado por retomar la danza de la tragedia. Una y otra vez. Una y otra vez.

La leyenda de la mariposa azul

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Cuenta esta leyenda oriental, que hace muchos, muchos años, un hombre enviudó quedando a cargo de sus dos hijas.

Las dos niñas eran muy curiosas, inteligentes y con ganas de aprender.
Constantemente hacían a preguntas a su padre, para satisfacer su hambre de saber. A veces, su padre les respondía sabiamente, sin embargo, otras, las preguntas de sus hijas le impedían darles una respuesta que convenciera a las pequeñas.

Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas por un tiempo a convivir y aprender con un sabio, que vivía en lo alto de una colina.

Sin embargo, impacientes con el maestro, las jóvenes decidieron idear una pregunta que él no pudiera responder correctamente.

-¿Cómo podremos engañar al sabio? ¿Qué pregunta podríamos hacerle que no sea capaz de responder?- preguntó la hermana pequeña a la mayor.

– Espera aquí, enseguida te lo mostraré, indicó la mayor.

La hermana mayor salió al bosque y regresó escondiendo algo.

-¿Qué tienes ahí?- preguntó la hermana pequeña.

La mayor metió su mano en el delantal y le mostró una hermosa mariposa azul.

-¡Qué belleza! ¿Qué vas a hacer con ella?

-Esta será nuestra arma para hacer la pregunta trampa al maestro. Esconderé esta mariposa en mi mano, cuando estemos frente a él. Entonces le preguntaré si la mariposa que está en mi mano está viva o muerta. Si él responde que está viva, apretaré mi mano y la mataré. Si responde que está muerta, la dejaré libre. Por lo tanto, conteste lo que conteste, su respuesta será siempre errónea.

Aceptando la propuesta de la hermana mayor, amabas niñas fueron a buscar al sabio.
-Sabio- dijo la mayor- ¿Podría indicarnos si la mariposa que llevo en mi mano está viva o está muerta?

A lo que el sabio, muy calmadamente y con una sonrisa, le contestó: “Depende de ti, ella está en tus manos”.

Nuestro presente y nuestro futuro están únicamente en nuestras manos. Nunca debemos culpar a alguien si algo no sale como lo habíamos planteando. Si algo perdemos o si algo conseguimos, somos nosotros los únicos responsables.

La mariposa azul es nuestra vida. En nuestras manos está qué queremos hacer con ella.