Archive | febrero 2013

Amo

 

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“Las personas, simplemente, aman o no aman. Los que aman, lo harán siempre a todas horas, intensa y apasionadamente. Los que no aman, jamás se elevarán ni un centímetro del suelo. Hombres y mujeres grises, sin sangre.”

Chavela Vargas

Amo a los que guardan adentro el alma dulce de un payaso. Al sonido de las voces que jamás dicen mentiras. A los que quieren ser niños durante toda su vida.

Silvia Penide

 

Cuando me amé de verdad

 

woman3stages_3Woman in Three Stages (1894). E. Munch

comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama amor hacia uno mismo.

Charles Chaplin

 

La verdad de “Las Marías”

 

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Salían cada día a pasear por las mismas calles de Santiago, siempre a las dos en punto, arregladas con una ropa y un maquillaje tan colorido como extravagante. Todavía hay mucha gente en la ciudad que recuerda a las inseparables hermanas Coralia y Maruxa, más conocidas como Las Marías, dos emblemáticos personajes de Compostela a los que las nuevas generaciones sólo conocen por la estatua que les rinde homenaje en la entrada del parque de la Alameda.

Pero bajo esa fama de locura que les precede hasta hoy, escondían un drama personal que no todos conocen, con la Guerra Civil como telón de fondo. Así lo recoge el documental Coralia e Maruxa, as irmás Fandiño, de Xosé Rivadulla Corcón, para cuya elaboración ha contado con testimonios de personas como Encarna Otero, Xosé Luis Bernal o Dionisio Pereira.

Nacieron en una familia obrera de 11 hermanos, tres de ellos destacados miembros de la CNT. El documental relata cómo tras el estallido de la Guerra Civil, asesinan a uno de ellos mientras que los otros dos consiguen huir. La pesadilla para las hermanas comenzó cuando los falangistas trataron de utilizar a la familia para averiguar su paradero. A horas intempestivas de la noche, llegaban a la casa de los Fandiño, registraban y desbarataban la vivienda, desnudaban en la vía pública a las hermanas para humillarlas y las subían al monte Pedroso de Santiago. “No está demostrado, pero hay gente que afirma que las llegaron a torturar e incluso a violar”, explica Rivadulla.

Con poco más 20 años y sin haberse metido con nadie, la vida de Las Marías se convierte en un mal sueño que se prolongará desde el inicio de la guerra hasta mediados de los años 40. Rivadulla señala que esos malos tratos continuados fueron la causa de la locura que ambas sufrieron, porque “antes no eran así”. Finalmente los hermanos huidos fueron arrestados y cesó la presión sobre las Fandiño.

Aun así, su situación económica era muy precaria. Las hermanas dejaron de trabajar como costureras, oficio que venían desempeñando junto a su madre, porque los clientes dejaron de llevarles ropa “por ser una familia anarquista, por miedo a significarse”. Vivían en parte gracias a la caridad de los vecinos. No les ayudaban de forma directa, porque quienes las conocían sabían que no aceptarían una limosna, sino que les dejaban de forma anónima pequeñas cantidades de dinero en distintos comercios, en los que después ellas compraban.

La solidaridad de los vecinos se puso a prueba a principios de los 60, cuando un temporal tiró abajo el tejado de la casa de las Fandiño. Enseguida se organizó una gran colecta entre los vecinos de Santiago y se llegaron a juntar 250.000 pesetas. “Es espectacular”, dice Rivadulla, “porque en la época eso es lo que costaba un piso”.

“Manifestaron su locura mostrándose rebeldes contra la sociedad”, afirma el autor. Las Marías nunca pasaron desapercibidas, no sólo por su llamativa vestimenta y sus rostros maquillados con polvos de arroz, sino por su actitud. “Ellas piropeaban a los hombres algo que, por supuesto, no se le ocurría a ninguna otra mujer. Siempre manifestaban que todos los hombres se enamoraban de ellas y flirteaban con los estudiantes”. En contra de lo que pueda parecer, eran muy diferentes: Coralia, la menor y más alta, era tímida y poco habladora, mientras que Maruxa, más pequeña aunque de más edad, era la que llevaba la voz cantante.

La opinión del autor del documental es que las hermanas desempeñaron, posiblemente sin saberlo, una papel fundamental en esa época de represión. “Mucha gente que se sentía ahogada por el régimen y que no se rebelaba por temor a represalias, veían en Las Marías ese grito de libertad”. Cuando en 1980 falleció Maruxa, Coralia se fue a vivir con otra hermana a A Coruña, ciudad a la que nunca se adaptó. Murió tres años más tarde después de preguntar muchas veces cuál era el camino para volver a Santiago.

Fuente: http://elpais.com/diario/2008/04/17/galicia/1208427509_850215.html

 

El doctor Frankenstein

 

 

La película de terror más importante de todos los tiempos. James Whale extrajo de la pesada novela de Mary Shelley una fábula sobre el científico  pasado de rosca y su monstruo, una especie de hijo maltratado y repudiado. Aunque el Frankenstein neurótico de Colin Clive y el ayudante jorobado y deforme de Dwight Frye son definitivos, quien se lleva el gato al agua es Willian Henry Pratt, un inglés de cuarenta y dos años que dejó una existencia privilegiada y emigró a Canadá, donde trabajó como camionero, y a Estados Unidos, donde interpretó pequeños papeles.

El genial maquillador de la Universal Jack Pierce diseñó el cráneo plano, las terminales del cuello, los gruesos párpados y las manos alargadas y cubiertas de cicatrices, en tanto que Whale vistió a la criatura con los harapos que llevaban en aquella época antiguos soldados convertidos y vagabundos y unas botas. Sin embargo, fue Pratt quien transformó al enfurruñado coco en un personaje melancólico, patético y clásico, cuyas maldades son accidentales (la muerte de la niña) o justificadas (cuando estrangula al enano que le ha torturado con la antorcha). En los títulos de crédito se nos dice que el monstruo está interpretado por “?”. Solo al final de la película supo el público que quien les había aterrorizado, conmovido e inspirado, era un tipo llamado Boris Karloff (el nom de guerre de Pratt).

Frankenstein contiene una serie de maravillosas escenas teatrales: la “creación”, con los rayos que caen alrededor de la torre y el monstruo alzado hacia los cielos enfurecidos sobre una mesa de operaciones; la primera aparición del monstruo (visto desde atrás, se vuelve para mostrar la cara y la cámara avanza tambaleante hacia él); la emotiva secuencia de la niña que se ahoga; el primer ataque contra la heroína en su tocador el día de su boda (uno de los pocos elementos tomados del libro); y la persecución del monstruo a cargo de una turba de campesinos provistos con antorchas, que cercan el viejo molino donde creador y creación se enfrentan en uno de los primero finales infernales del cine.

El ciclo de terror de la Universal abarca toda una gama de películas que van desde la perfección hasta la parodia, pero Frankenstein continua siendo escalofriante y refrescante, la piedra angular del género.

Una de las más bellas y terroríficas escenas de la historia del cine. Inolvidable.

“¿Nunca ha querido hacer nada que fuera peligroso? ¿Dónde estaríamos si nadie intentara investigar lo desconocido?
¿Nunca ha querido mirar más allá de las nubes y de las estrellas, o saber por qué los árboles brotan y qué convierte la oscuridad en luz?
Pero si dices esas cosas, la gente te llama loco. Pues si pudiera descubrir sólo una de estas cosas, lo que es la eternidad por ejemplo, me importaría muy poco que creyeran que estoy loco.”

(Dr. Henry Frankenstein a Dr. Waldman)

 

Marathon Man

 

A ti te faltaban etapas. A mí me sobraban tiempos.

 

exposición breve, fotografía instantánea
jaula de cristal, muerte instrumental 

 

Prueba y error

 

Nos cantamos en Madrid.

 

Estáis todos invitados

 

Vllmss

Ayer fue mi cumpleaños.
El teléfono no sonó a las 15:15h como cada 4 de febrero. Ella ya no estaba ni estaría nunca más.

365 días dan para grandes cambios, reconciliaciones con fantasmas pasados que resultaron ser humanos, y ausencias importantes, de esas irreemplazables, golpes inevitables. Una vela más sobre la tarta y dos luces menos anudando la garganta, quemando lágrimas.

366 días dan para entender que no hay contienda, que un corazón generoso y agradecido comparte penas y entusiasmo.

A los que adelantasteis el confeti.
A los que silbasteis. (Larrouy, eres grande).
A los que siempre estuvisteis.
A los que sois.
A los que pasasteis sin quedar.
A los conocidos y aún por conocer.
A los que quise, quiero y amaré.

Estáis todos invitados.