No hay que amar como los niños

 

¿Y si dejas de susurrar? ¿De exigir, de escudriñar, de manosearlo todo? ¡Qué cansado! Y qué aburrido. ¿Y si aparcas las intenciones, las malditas metáforas, las conclusiones, la arrogancia y la ironía? ¿Y si creces de una vez? Sentado en la cocina, no precisamente el cuarto más caliente de la casa, me dispongo a querer de veras, aunque para ello tenga que poner el corazón de una vez por todas en su sitio. Te veo claramente, apenas desfigurada, que decía Éludard. No más trucos, el tiempo de jugar a bandoleros ha pasado. Me veo obligado a hablar por más que no diga nada importante, ni interesante siquiera, Qué remedio. No estaré solo si puedo evitarlo, y puedo evitarlo si quiero evitarlo. No voy a callarme precisamente ahora. Sólo los niños se aprovechan del silencio para darse lustre, para hacerse notar, para esgrimir sus precarias razones. Los hombres hablan aun a su pesar y se condenan a vivir con lo dicho, con lo hecho, no hay otra manera de vivir.

Sentado en la cocina, me dispongo a renunciar a la grotesca impostura de querer en sueños, a la francesa. Una disposición muy noble, sí señor, una que ya demoraba su presencia. La espalda recta, el ánimo bien despierto, resuelto. Se enciende y se apaga la caldera, obligada por su eficiente termostato, calentando el salón, el estudio, el dormitorio, pero no hay radiadores en la cocina. El frío ayuda, espabila, obliga al corazón a dejarse de tonterías. El frío es la mar de saludable en asuntos de amor. Hay que tomarse estas cosas con ridícula seriedad o no mencionarlas en absoluto. Si hay que hacer más café, se hace, cualquier cosa con tal de evitar que nos venza el cansancio. No desfallecer es lo esencial, llegados a este punto. Bien mirado, no es de extrañar el desastre que me precede, nunca antes demostré tal entereza; me conformaba, supongo, con el rumor infantil de las ensoñaciones, con la temperatura amable y engañosa de las habitaciones más calientes de la casa. No era capaz entonces de soportar el frío, me quejaba, como los niños que protestan por cualquier cosa y lo desean todo sin desear nada y se aburren a cada rato de sus regalos nuevos. Pero ese tiempo ya ha pasado, este tiempo es otro. Ni sanvalentines, ni puñetas. Ni cartas de amor, ni zarandajas. Ni licores, ni flores. Un café más y a lo que íbamos.

Sentado en la cocina ya no imagino nada y me remito a los hechos. Hay datos exactos, pruebas, decisiones tomadas. No me tiemblan las manos a la hora de dar puñetazos en la mesa, el ruido de los nudillos contra la madera se extiende por el pasillo, es muy posible que lo escuches. No lo hago por distraerte, sino para darme la razón, para decirme que sí, que es cierto. No estoy ya para andar como los gatos, en silencio y como quien no quiere la cosa. Puedo hablar en voz alta y lo hago. Si de amar se trata, amemos, pero no como los niños, o los poetas. Sin gemidos ni reproches, sin desmayos, sin señuelos. Que no se diga que el tiempo nos pasa por encima para nada. La paciencia humana tiene sus límites y la mía está agotada. No mentiré de nuevo, las herramientas a cierta edad deben sustituir a los juguetes, también ha cambiado el tamaño de nuestros dedos. Dejemos que la edad haga su trabajo.

Ya no es posible pretender amar solo en febrero, ni al tuntún de la luna y las mareas. Si se apagan las velas, que se apaguen; si se mueren las rosas, que se mueran; si se pierde un guante, bien perdido está. Nada se parece a ti, y por tanto me parece conveniente no compararte con nada. Más que harto estaba ya de la traición gélida de los espejos. De la trampa y el cartón de los misterios y la coquetería boba de las leyendas, los laberintos, los crucigramas.

Sentado en la cocina y apoyada la espalda contra el frío real, me dispongo por fin a quererte, pero no como los niños, no con ese amor caprichosamente desesperado, no entre los tesoros que en realidad no tengo, sino en serio.

Con las palmas de las manos hacia arriba y los ojos bien abiertos.

Ray Loriga

 

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About Pau

el peatón de mí es una hormiguita

14 responses to “No hay que amar como los niños”

  1. jotaemebede says :

    Creo haberlo leído antes porque recuerdo haberme emocionado con él… O al menos es una emoción que me resulta familar.

    Bicos, Pau.

    Jota.

    • Pau says :


      Quizás entre las páginas de El País Semanal donde fue publicado en febrero de 2011.

      Emocionante de principio a fin.

      Bicos J.

  2. Nacho López Murria says :

    Muchísimas gracias (interrogativa) Pau. Me voy a pasar mucho por aquí 🙂

  3. alexander says :

    Hola Pau, a los meses que no pasaba por este maravilloso espacio, y nada solo para decirte que me encanta, tu energía, tu espiritualidad y tu buena vibra, en Lima estamos viviendo tiempos caóticos, en particular por la poca capacidad del gobierno y los partidos políticos, para resolver los problemas sociales que aquejan a mi país.
    Entonces, siempre es bueno darme una vuelta por aqui, para desestresarme, no te conozco pero siento que tu emanas una especie de paz, tranquilidad y armonía que me hace relajarme, de tanto problema en la política. Bye y todo lo mejor para ti y vuestro blog querida.

    • Pau says :


      Gracias por tu visita y tus amables letras A. Todo gesto es bien recibido en este espacio.

      Aquí en España la situación no es mucho mejor. Estamos en un momento de crisis económica bastante peligroso y esto no ha hecho más que empezar. Son tiempos dífíciles, y no sólo para los soñadores.

      Un saludo que cruce el charco cargado de fuerza y ánimo.

  4. Danilo says :

    Qué escrito tan bonito, así se siente llegar a la adultez; aunque muchos rasgos de los niños que fuimos aun asomen de vez en cuando.

    Un abrazo mi estimada P.

    • Pau says :


      Y no deben disiparse. Todos deberíamos mantener en nuestro espíritu las marcas de lo que algún día fuimos y jamás volveremos a ser, niños sumidos en la inocencia más pura.

      Otro D.

  5. cartasdesdecantabria says :

    Hace muchos años conocí a alguien que se me quedó muy dentro, fueron poco más de quince días que, sin embargo, dieron vida, y forma, a uno de los recuerdos que más me ha ayudado a lo largo de la vida; suelo decir que (aparte de mi madre, por supuesto) es lo único que he considerado verdaderamente mío.
    Ya no es amor, creo que nunca lo fue, pero es uno de los pocos pensamientos que me consuela y lo bueno del caso es que si cierro los ojos caigo en la cuenta de que no recuerdo como era esa persona, solo sé que tenía los ojos azules y el resto son sensaciones difuminadas.
    Esto lo digo por tu foto, amiga mía (me encanta); el alma tiene la mirada nublada y se recuerda y se sueña así, por eso esta imagen tuya emana esa magia tan especial.
    Ya me he enrollado, como siempre, 🙂
    Respecto al texto que has rescatado quería decirte que me ha emocionado la sinceridad que desborda los párrafos.
    Me ha hecho gracia lo de la cocina y su frialdad (ya sabes que ahora soy amo de casa) :); yo la noto al hacer los cubiertos pero, cuando cocino, es un infierno de calor; el autor escribe tan bien que se puede sentir esa vibración que desprende esa habitación de la casa que está tan lejana del recogimiento del salón o del calor de la habitación.
    Creo que me ha entrado tan bien el texto porque, realmente, está en las antípodas de mi modo de hacer (y sentir) las cosas pero el pragmatismo de la composición está envuelto en algo brillante parecido al romanticismo.
    Es el titulo el que no me acaba de convencer porque siempre he creído que el verdadero amor solo puede nacer de la entrega confiada y la ingenuidad de un alma que se hace chiquita cuanto más se le engrandece el corazón.
    Y eso solo lo saben hacer los niños.

    • Pau says :


      Recuerdo haber leído en un comentario (creo) en tu blog esa experiencia amorosa que tuviste estando en la mili y que tanta huella dejó en ti. Hay almas que se meten en la tuya y pase el tiempo que pase son difíciles de arrancar, aunque su encuentro haya sido en un choque fugaz.

      Las cocinas siempre me han parecido lugares fríos pese al calor de los fogones. Es ahí donde uno debe mostrar las cartas sobre la mesa, con los ojos bien abiertos y las palmas de las manos hacia arriba, al lado de la baraja, sin faroles. Cuando esto ocurre no hay duda que valga.

      Un abrazo J., y a seguir domesticando 🙂

  6. raúl says :

    “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde” dijo gil de biedma. también en el amor. la cocina es buen sitio para una epifanía, abrir los ojos de par en par.

  7. alexander says :

    Solo deseo que esto termine pronto, que no haya más gente lastimada por represión policial, que no se criminalice nuestro legitimo derecho a protestar pacíficamente. Deseo fervientemente que todo salga bien para nuestros pueblos. Saludos que lleguen.

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