Archive | junio 2011

… y si el sentido se ha ido

1968 el culo te abrocho (2008) Roberto Jacoby

Los días raros

 

Fotografía Chema Madoz

Copenhague. Vetusta Morla

Con las alas de aquí para allá y la boca en la tierra, llevo días entre Madrid y Copenhague.

Arena de playa en la maleta y agua de mar en las pupilas. Sigo el camino de baldosas amarillas.

Sin mapas, pero con una canción de vuelta.

Dejarse llevar suena demasiado bien. Bendita dulzura.

 

 

Sonrisas de una tarde de verano

 

Modern Painting with Sun Rays (1967). Roy Lichtenstein

A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea.

Sonríe
cual si fuese
una revelación,
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo.

Sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente

y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía.

Llorar
sólo llorar.

Entonces su sonrisa
si todavía existe
se vuelve un arco iris.

Arco Iris. Mario Benedetti

El sol ha desplegado sus rayos. El verano ha comenzado.

 

 

Sueño y milagro


Cuarto interior (1993) Manuel Amado

Ayer soñé contigo. Standstill

Bolboretas

Untitled anthropometry (1961). Yves Klein

Las creía dormidas en algún lugar de difícil acceso, o emborronadas por el desgaste marchito de sus alas, o muertas, condenadas a alfileres, apuntaladas en ataúdes de cristal para todos los públicos.

Lo inventé todo. Sus colores, su despliegue, su vuelo, su cosquilleo. Un cazamariposas para las salidas al campo, montañas de papel para flexibilizar revoloteos. De nada valió tanto proyecto.

Y han venido de golpe. Han venido para quedarse.

Cualquiera duerme con tanto aleteo.

Bailarina posando para el fotógrafo

 

En el ensayo que Paul Valéry dedica a Degas leemos: “Había en Degas una curiosa sensibilidad para la mímica. Por otro lado, a las bailarinas y planchadoras que pintó las captó en actitudes profesionales significativas, lo cual le permitió renovar la visión de los cuerpos y analizar un gran número de poses de las que pintores no se habían ocupado antes de él. Abandonó a las bellas mujeres blandamente recostadas, las venus deliciosas y las odaliscas; no trató de colocar en el lecho a ninguna obscena y soberana Olimpia… (…) Se esforzó, por el contrario, en la reconstrucción del animal femenino especializado, esclavo de la danza o del almidón, o de la acera; y estos cuerpos, más o menos deformados, a los cuales hace asumir posturas en extremo inestables para su estructura articulada (…), hacen pensar que todo el sistema mecánico de un ser vivo puede hacer muecas como un rostro”.

En este cuadro, la postura de la bailarina no es armónica. La danzarina es sorprendida mientras está buscando una bella posición mirándose al espejo, y Degas opta por representar precisamente ese momento en el que los miembros, al colocarse, adoptan un aspecto casi grotesco. El escritor y crítico de arte Huysmans dirá que Degas pinta a sus bailarinas con “horror”. Tal vez la afirmación sea un poco exagerada, pero es cierto que el pintor, exceptuando algún caso en que ha traducido esa gracia que sólo un refinado como él sabía dosificar, lo más frecuente es que haya interpretado el cuerpo femenino casi con rabia, renunciando explícitamente a embellecerlo.

 

 

Me has inventado un plan


Pinceladas amarillas y verdes (1966). Roy Lichtenstein

El día apretó las horas hasta hacerse mayor de golpe. Tanto, que adelantó la sonrisa de plátano con la que barrió los restos de agriedad que colgaban de las comisuras de los labios. Y aunque amarilla como la del limón revenido, tornasolaba contra el óxido, enérgica y nutritiva. Las vitaminas comenzaban a surtir efecto en las mejillas.

Mientras tanto Hipertensión hace puenting  en el retrete.