Archive | febrero 2011

Para no olvidar las cosas básicas

para conocer y no olvidar, acaparar los cinco sentidos,

humanizar el código hasta elevarlo a categoría sensorial,

liberarse de tapones, vendas, mascarillas y mordazas,

leer las orejas, los ojos, la nariz y la boca,

interpretar sensaciones con huellas dactilares.

aprenderte, desearte en braille, tiene sentido.

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Hojas

 

American Beauty. Thomas Newman

– ¿Quieres ver lo más bonito que he grabado en mi vida?
Era uno de esos días en que está a punto de nevar y el aire esta cargado de electricidad. Casi puedes oirlo, ¿verdad? Y esa bolsa estaba bailando conmigo, como un niño pidiéndome jugar. Durante quince minutos. Es el día en que descubrí que existe vida bajo las cosas, y una fuerza increíblemente benévola que me hacía comprender que no hay razón para tener miedo, jamás.
El vídeo es una triste excusa, lo sé. Pero me ayuda a recordarlo, necesito recordarlo. A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y que mi corazón se está derrumbando.

American Beauty

Las hojas caídas reposan aires fríos de antaño, permanecen inmóviles sobre el asfalto solar.

Un papel en blanco, sin vida aparente, espera recobrar el aliento.

Nuevas corrientes vendrán meses después, elevarán la pureza del papiro con pasos de baile hasta hacerlo viejo. Seguirá siendo puro en esencia, pero arrugado, acuñado de huellas anónimas, manchado, hecho añicos.

Las hojas de los árboles emprenden el vuelo en cualquier estación.

 

 

¿de qué vives? ¿del aire? y de agua

 

la vida pasa y pesa,

la vida pasa y pesa,

la vida pasa y pesa,

la vida pasa y pesa…

el corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo.

Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña felíz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azúcar. Sin aliento.

 

La devoradora

La devoradora. Santi Jiménez

de pupilas distendidas, manos destapadas y pies desnudos,

de sonrisas ingeniosas y guiños a la vez 1, 2, 3,

de especies protegidas, de principitos traviesos,

de hojas en blanco y pinturas al óleo,

de amarillos de verano y azules todo el año,

de sentimientos a la brasa,

de aguas claras, arenas movedizas y dunas heladas,

de fuerzas sobrenaturales,

de observatorios astroquímicos,

de locuras con cuerda,

de imposibles, de silencios complementarios,

de equilibrios y desequilibrios, de llenos y vacíos,

de meridianos y puntos cardinales sur,

de estrellas de papel y corazones de plástico de burbujas,

de camisetas de rayas y flequillos rectos,

de diccionarios tuneados y mensajes disimulados,

de verbos ser, estar y parecer,

de habitaciones modernistas y cornisas voladas,

de paseos sobre ruedas, de viajes siderales,

de Nosferatus expresionistas y Frankensteins simbolistas,

de excentricidades dalinianas y delicadezas botticellianas,

de vigilias, de historias que nunca acaban,

devorando.

 

Post-merger promise

 

Las promesas se hacen para cumplirlas.

Y aunque algunas ya son un sinsentido, otras persisten en la memoria de linterna.

(comprometida con mqm ;))

Cabalgando con la muerte (1988) Jean-Michel Basquiat. Colección Francesco Pellizi.

No Surprises. Radiohead

no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
silent silence.

 

Cabalgaba entre la vida y la muerte, sabía que era su último exabrupto, su último dolor de estómago.

Lo sabía.

 

Estados de ánimo

 

Un día cualquiera mezclando electrónica

Pachelbel´s Canon in D Major

 

porque en mis oídos cabe de todo.

así me dormí.

 

Lunes al sol

Julian Opie (2005)

The Riverboat Song. Ocean Color Scene

Lunes, sol de mediodía, hora de comer.

Impulsada por los rayos ultravioleta arrastro los pies sorteando las baldosas jaspeadas del paseo de mi playa. Caminar kilómetros en soledad, sólas, mi música y yo. Me detengo con The Riverboat Song de Ocean Color Scene, miro al mar en calma, tranquilo, como mi estado actual.

Recorrer muchos metros hasta fin de trayecto. De frente la isla de siempre, en el mismo lugar.  A pesar del tiempo y las mareas sigue en pie, sigilosa. Pienso que me gustaría vivir allí, ni siquiera necesitaría un barco para llegar hasta ella, podría cruzar caminando en bajamar.

Aquel día, frente a ella, Falling Down de Muse y la luna llena ilustrando las verdes hojas de sus árboles. Demasiada belleza para mis ojos y mis sentidos. Lo recuerdo, las retinas latían con fuerza.

El tiempo se agota, media vuelta y regresar. El viento empieza a soplar ligeramente, despacio, me vuela  las pestañas. La primavera parece querer despertar de un momento a otro.

Martes, luna de ocaso, hora de cenar, llueve.

Falsa alarma.