Archive | noviembre 2010

Ésta es mi casa

La voz de la sangre (1961) René Magritte, Musée Magritte

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Aquí sucedo, aquí me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

Mario Benedetti


Reminiscencia acústica

Interior holandés I (1928) Joan Miró, MOMA, Nueva York

El sonido vuela y entra en mis oídos con alas de mariposa metamórfica.

Transcurre veloz por mi cuerpo, baila al son de mis latidos,

frunce más si cabe el origen de mi existencia.

Es capaz de cerrar mis persianas a golpe de acorde.

 

El sonido ondea colores audibles e inaudibles dentro de mi ser.

Domestica mis sentidos y me arrastra al paraíso perdido.

Desfibrilador del alma… no entiende de lugar, espacio o tiempo.

La misma música, la misma canción, “Recuerdo”…

 

Azul oscuro

Desnudo azul IV (1952)  H. Matisse, Niza, Musée Henri Matisse

No seré yo quien te hable de mis virtudes, pero sí te contaré mis defectos.

Son parte de mí, la cara oscura de la moneda, ese color que no todos entienden o respetan, o simplemente no desean compartir.

No son pocos ni carentes de importancia, nadie dijo que fuera sencillo entenderlos. A veces pican, a veces rascan, a veces arañan. Puede resultar complicado dejarlos volar libremente, lo sé.

Te cuento unos cuantos.

Soy impaciente, nerviosa e intranquila,

muy exigente conmigo misma y a veces con los demás,

perfeccionista a rabiar,

cabezona hasta la médula,

maniática y ordenada (sí, ser ordenada me han dicho que es un defecto),

también pienso demasiado, lo sé, y me preocupo por cosas carentes de importancia,

me agobio en exceso,

no requiero de mucha fuerza de voluntad,

soy sensible como el diente de león,

vergonzosa como un tomate,

y miedosa, por qué no… ¡¡¡Uhhhhhhh!!!

Pero mis defectos son mi segunda piel, no puedo desprenderme de ellos así sin más.