Archive | 28 octubre, 2010

Zapatillas viejas

 

He salido a la calle en busca de unos zapatos nuevos.

Los adoquines cronometran a diario millones de pisadas infinitas. Unas sin dirección, otras con rumbo fijo, algunas mueren en un portal o paran a descansar.

Mi reflejo en el cristal y mis pies ojeando zapatos.

Modelos de todo tipo, altos, medios, bajos, con cordones o hebillas, cada cual más bonito.

Montañas de zapatos desaparejados, cajas con un sólo pie, números a puntapié.

Revuelvo y  desordeno  hasta encontrar unos que me gustan. Esos más chulos, esos más vistosos me lastiman y acaban por herirme en cuatro pasos.

Mis pies son tan sensibles…

Ellos soportan todo mi ser, mis pensamientos y emociones, mi vida.

Hay montones de pares y aún así son difíciles de encajar en mis frágiles deditos.

Mis pies son tan sensibles…

Busco unos zapatos mágicos, de esos que te obligan a bailar, a sonreír paso a paso, a recorrer ciudades, a escalar montañas. Esos que te llevan hasta el cielo.

Busco unos zapatos sencillos, de esos que no complican el trayecto.

Entonces, caigo en la cuenta y me voy sin más. Decido volver a mi casa a por mis zapatillas de siempre, esas tan cómodas y fieles a mis pasos, esas que nunca me hicieron daño en mis largas e intensas caminatas.