Archive | septiembre 2010

El imperio de las luces, II

René Magritte (1950) óleo sobre lienzo, 80 x 100 cm, Moma, Nueva York

Le Centaure, la galería parisina de René Magritte (1898-1967), cerró sus puertas en 1930, y su fondo  (en torno a doscientos cuadros del pintor belga) fueron adquiridos por su amigo E. L. T. Mesens, un colega artista belga y director de su futura galería londinense. A través de él, la fama de Magritte creció en el Reino Unido a finales de la década de 1930, época en la cual pasó a exponer junto al grupo de los surrealistas.

Magritte obtuvo reconocimiento internacional a partir de 1948, cuando firmó un contrato con Alexandre Lolas, un marchante de arte neoyorquino que continuó siendo su agente hasta que Magritte murió de cáncer en 1967.

La fama de Magritte, a quien se considera uno de los principales surrealistas, continuó aumentando en la década de 1960. Su influencia en movimientos posteriores, en concreto el pop art y el arte conceptual, es innegable. Aunque muchos surrealistas experimentaron con la técnica del automatismo, práctica que desembocó en la creación de cuadros completamente abstractos, Magritte continuó siempre vinculado al estilo figurativo.

Este enfoque que utilizó en El imperio de las luces, II, le permitió crear una imagen surrealista de mayor fuerza. La zona baja de este cuadro representa un escenario urbano y abierto en plena noche. Creando un marcado contraste psicológico, en la zona superior de la imagen no se plasma un firmamento negro cuajado de estrellas, si no un cielo vespertino de un azul resplandeciente repleto de esponjosas y pequeñas nubes blancas.

Hay más de veinte versiones de este cuadro, la primera de las cuales data de 1949.

 

Romance de la pena negra

La gitana dormida (1897) Henri Rousseau. MOMA

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Romancero gitano (Federico García Lorca)

Quiero


regalarte girasoles despiertos, lunas de octubre, castillos de arena

comprarte las estrellas, lucecita a lucecita para festejar tu llegada

dormirte cada noche con cantos de sirena oceánica

concederte el placer de leerme cada día, imaginarme, intuirme, soñarme

embotellarte luciérnagas de colores para iluminar tu alma

construirte una escalera automática que te lleve hasta mí

dibujarte huellas para que sigas mis pasos sin perderte

bajarte la luna blanca y desnuda para que coquetees con ella

esconderte en la arena de mi isla ignorada, bañarte de mareas vivas

soplarte cuatro mil millones de globos azules

llenarte sacos con 365 sonrisas de emergencia

perderte y así tener que encontrarte

recogerte las piedras del camino para esquivarte errores

curarte las heridas de otros tiempos, de otros lugares, de otras vidas.

Quiero.

Otoño

Avenida de álamos en otoño (1884), Van Gogh, Van Gogh Museum, Amsterdam

no puedo ser sin que las hojas vuelen y vuelvan a la tierra.

Pablo Neruda

 

La casa encantada


junio de 2010

 En esta casa antes hubo soledades,
antes de abrir sus puertas, sus ventanas,
para que entrara el aire de tus cielos,
para que se escaparan los fantasmas…

(Ismael Serrano)

XVII

 

“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.”

El principito (Antoine de Saint-Exupéry)

 

Isla ignorada

 

huellas

Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.

Gloria Fuertes